En nuestro entorno social, en el mundo que nos rodea, lo etiquetamos todo. De esta forma humanizamos nuestro mundo con el fin hacerlo más cercano a nosotros. Por eso, la palabra tanto puede aclarar como esconder, y es muy difícil que cumpla de forma justa con aquello que describe, sobretodo si se hace de forma subjetiva, es decir, poniendo límites (los nuestros) a la supuesta realidad (la nuestra). Y es que realidades hay muchas, tantas como entornos sociales.
Podríamos encontrarnos que las palabras en realidad no estén definiendo nada, sino que su aplicación responda a una práctica social determinada, práctica que además puede ser muy limitada en el tiempo. Ciertamente, las palabras no son inocentes y siempre arrastran valores detrás de ellas, como los tópicos, pero ¿los tópicos responden a un ente real? o ¿son imágenes mentales? o ¿sólo son válidos para un entorno social y no son exportables a otro?
Si las palabras facilitan la visión de lo que hay detrás de ellas, pues fantástico, pero podría ser que detrás de ellas no haya nada y se vuelvan oscuras y vacías. También podría ser que detrás de las palabras hubiese más palabras, es decir discursos enteros, eso sería parecido a un tópico o un prejuicio y por tanto encubriría.
Es difícil verificar lo que hay detrás de la palabra y mucho menos si lo que transmite existe realmente, puesto que una misma palabra puede indicar, no ya significados diferentes, sino intenciones diferentes.
Existen multitud de expresiones hechas al respecto: me faltan palabras para explicarlo; es de una belleza indescriptible; eso es solamente palabras, etc.
Es decir, a través de Internet, de la misma manera que se transmite con mayor rapidez el conocimiento, las palabras vacías, los tópicos y los prejuicios, pueden implantarse también con mayor rapidez.
Chacobo,
¡Que gusto que alguien (más) empieze a hablar de palabras en la red!
El tagging, las folksonomias son, creo, intentos digitales de replicar el debate "de toda la vida" de la Neurolingüística, a saber ¿cómo comunicamos los humanos?
Existen dos escuelas: a) los que creen que los esquimales cuentan con 20 maneras de describir la nieve y b) quienes opinan que las maneras existen y que los humanos las aprehendemos, en función de la necesidad.
Lo cuenta mucho, pero mucho mejor, Steve Pinker en cualquiera de sus libros. En castellano: "El instinto del lenguaje". En inglés: "Words and Rules".
Respecto de la vacuidad, creo que es una "aplicación" más de la red. En Internet todo viaja más rápido. Las palabras vacías también. Además, pesan menos...(pero meten mucho ruido innecesario).
Muy bueno David.
Neus, las palabras vacías siempre meten ruido, siempre. Detrás de ellas, un emisor y una intención (la nuestra).
Ana,
Es triste, pero el emisor puede "obviarse". Véase sino la propuesta recibida hoy de Dossiertecnologic.com. Campo asunto: "Envíanos un rumor". Contenido: el interesado/a escribe un rumor. Lo envía. El rumor se publica pero el emisor/a permanece -aclara el email- en el anonimato.
Me recuerda los buzones de denuncias que los venecianos tenían en la Piazza San Marco durante la Serenísima República.
Pero algo está claro, no puede obviarse el RECEPTOR, lo importante es el receptor, no tengo tan clara la poca importancia del emisor, imagino que ésta dependerá también del canal.
silencio! que no eschucho vuestros propositos! pero veo vuestra actitud.